miércoles, 3 de julio de 2019

"Di tu palabra y rómpete" Nietzsche

En el verano de 1944 vio la luz la revista Arturo, en la cual figuraban Carmelo Arden Quin, Edgar
Bayley y Gyula Kosice como equipo de redacción. En este grupo también estaba Tomás Maldonado
y otros artistas de la época, quienes en sus recurrentes encuentros en el café Rubí, demostraron una
necesidad tanto de plasmar su entusiasmo por seducir la mediocridad y el pensamiento del ambiente
como las diferencias y particularidades de cada uno. El denominador común de todos era la creencia
en la necesidad de un arte que fuera pura creación e invención, que se constituyera a sí mismo como
un mundo autónomo paralelo al de la naturaleza, pero sin ser tributario de la misma, ni tampoco de los
devaneos del inconsciente basados inevitablemente en la visión subjetiva del mundo natural. Buscaban
una práctica artística que dejará de ser un metalenguaje de la naturaleza para constituirse a sí misma
como un lenguaje propio, un arte que fuera pura expresión objetiva de la mente del hombre tanto sujeto creador.
Las páginas de la revista expresaban tanto la pujanza de sus ideas cómo algunas de las divergencias
del grupo, que se reflejan en la inconsistencia parcial de algunos materiales y que llevarían posteriormente
a la división del grupo original en corrientes diferenciadas.
La revista contó con un solo número, luego del lanzamiento la energía de los miembros del grupo se
volcó a la puesta en práctica de los postulados iniciales a través de la producción, más que al esfuerzo
editorial que hubiera supuesto la continuidad de la revista, de esta manera Arturo quedó como un
manifiesto de la obra y de las ideas de todo lo que las conformaban.

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