Röyi es la consecuencia de una evolución jalonada por un sinnúmero de ensayos con pequeños objetos realizados en la soledad de su taller. La madurez conceptual y formal de un conjunto de ocho elementos de madera vinculados por siete articulaciones que se abren hacia las múltiples direcciones del espacio, invitando al espectador a variar la posición relativa de los mismos con sus propias manos y por su iniciativa.
Para Kosice, esta obra significó la necesidad de superar el carácter estético de la obra de arte tradicional, el cual para él era una premisa insoslayable. En este caso la introducción del movimiento, además del carácter cinético, la autoridad y la participación activa del espectador en la configuración de la obra, virtualmente carecía de una forma definitiva pudiendo asumir una multiplicidad de ellas lo que convertía al espectador en un sujeto activo de esa cadena de transformaciones.


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